jueves, 24 de marzo de 2011

lunes, 14 de marzo de 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

Gracias querida gringa, a Catherine Hall: In Memoriam

Noticia
Gracias querida gringa, a Catherine Hall: In Memoriam

Viernes 11 de Marzo del 2011
Por Ricardo E. Ortiz Barría
En varias ocasiones hemos escrito acerca de nuestra música chilena y sus protagonistas y ello no es casual, ya que durante ya más de tres décadas hemos asistido y también por cierto participado, a través de distintas formas de su rico y variado quehacer. Hemos disfrutado y aprendido mucho y también nos sentimos siempre muy cercanos, tanto en las alegrías como también en las adversidades. Por lo anterior, hemos querido hoy dedicar la presente columna, a una gringa quien arribó hace ya 27 años a nuestro país, se enamoró del verdor inigualable del Seno del Reloncaví y de los tesoros y la gente del archipiélago mágico de Chiloé, decidiendo quedarse entre nosotros para siempre.

Incrédulos escuchamos la mañana del pasado domingo 6 casi a las 9 A.M. en el noticiero de una conocida radio de alcance nacional, la noticia del sensible fallecimiento la noche del día viernes 4 en la ciudad de Puerto Montt, de la flautista de la prestigiosa y querida Banda Bordemar Catherine Grace Hall (Q.E.P.D.). Parecía increíble se había ido nada menos que al alma de una gran Banda musical creada curiosamente, el mismo año de su arribo al país 1983 y dedicada al estudio, difusión, y creación del repertorio instrumental de la música de Chiloé, abarcando desde la colonia hasta el presente. Cathy además de música (acepción femenina de músico) fue también una muy destacada investigadora, amalgama perfecta que la llevó pensamos de manera natural, no solo a integrarse por merito propio a la banda, sino también a ser parte integral de la gente, la cultura y el entorno paisajístico de la zona en que eligió residir para siempre. Sus contribuciones como estudiosa y observadora a fondo de la cultura chilota, quedaron plasmadas entre otros textos fundamentales, en “Manual del pensamiento mágico” junto a Renato Cárdenas y Dante Montiel” y “Los Chonos y los Veliche de Chiloé” junto a Renato Cárdenas.

Como una persona alegre, optimista y solidaria la definían todos sus compañeros y a ello debemos agregar su chispa y su gran vitalidad escénica, de la cual fuimos hace algunos años testigos presenciales. Hace ya más de un década concurrimos a la sala del Instituto Cultural del BancoEstado en Santiago, a presenciar por primera vez un concierto de la Banda Bordemar, ya sabíamos entonces de “El Mirmicorleón bordemarino”, de “La cueca “Tierra Adentro”, ambos temas de la autoría de Jaime Barría Casanova nuestro querido “pariente” Director de la banda y, de la música tradicional del archipiélago como “La Huillincana”, aquella inmortal cueca que en homenaje a la mujer de Huillinco cerca de Cucao, escribiera el legendario músico acordeonista chonchino Liborio Bórquez Guzmán “Cuncuna” para sus amigos y que en 1962 fuera llevada por primera al disco(eso si, sin hacer mención entonces de su autor) con la maestra Gabriela Pizarro y su compañero Héctor Pavèz a la cabeza, por el Conjunto Millaray. Expectantes escuchamos la sobria y precisa presentación a cargo de un gran locutor magallánico Yerko Hromic y luego, comenzando el primer tema, ocurrió casi al primer minuto lo impensado, la flauta de Cathy simplemente no sonó, si, tal como se lee en plena presentación Cathy quedó musicalmente muda y entonces fue ahí en donde para grata sorpresa nuestra, afloró toda la chispa y garra de esta inolvidable música californiana, quien asumiendo que el problema de su instrumento, al parecer producto del largo viaje por tierra desde Puerto Montt era ya irreversible, comenzó a estimular a todo el publico presente, para que acompañáramos con las palmas a sus compañeros, demás esta decir que con aquella tan grande demostración de espíritu, se ganó justicieramente la mayor ovación de la velada.

Tiempo más tarde y gracias a un muy oportuno aviso, asistimos al teatro municipal de Lo Barnechea al pié de la Cordillera de Los Andes, a un concierto que nos llegó a lo más profundo del alma, habíamos tenido el privilegio de escuchar, gracias a la condición de sala construida en el subsuelo, de escuchar por primera vez a la banda, en condiciones acústicas insuperables, llegando incluso a emocionarnos hasta las lágrimas. Finalizada la presentación, nos dirigimos al sector de camarines, para hacerle entrega a Cathy de copias de algunas partituras de temas originales de aquella gran dupla autoral conformada por Manuel Andrade Bórquez y Porfirio Díaz Parra, entre ellas un corrido titulado “Barcarola chilota” que habíamos encontrado, con el fin de que ella a su vez le hiciera entrega de las mismas para el Archivo bibliográfico de Chiloé a su Director Renato Cárdenas. Nos recibió con gran calidez y al saludarla le dijimos que hasta ese día no creíamos en la existencia de el cielo, pero que al escuchar el casi celestial sonido de ellos, me habían convencido claramente de lo contrario, se rió de muy buena gana, nos agradeció a nombre de todos el comentario y muy interesada en el regalo que portábamos nos dijo que atendría un muy buen destino.

El que entonces sin imaginarlo seria nuestro último encuentro, tuvo lugar el año 2007 en el aeropuerto de Balmaceda, ambos embarcados en un mismo vuelo con destino a Punta Arenas, ellos Bordemar para participar en el cierre de las festividades de invierno y nosotros, para integrarnos al jurado preseleccionador del Festival folklórico en la Patagonia, grato nos resultó entonces el compartir con todos ellos, la tensa y larga espera en el principal aeropuerto aysenino, luego de lo cual, fuimos informados de que debido a la escasa visibilidad y acumulación de nieve en el aeropuerto Presidente Ibáñez de Punta Arenas, el vuelo se había cancelado y debíamos retornar algunos, hasta la ciudad de Puerto Montt para continuar viaje al día siguiente.

“Ella quería que le rezáramos un rosario chilote que incluye cantos, que tocara Bordemar, que bailáramos cueca y que nos comiéramos un asado de jabalí y hemos hecho todo para despedirla como ella quería: con alegría” así describió lo que fuera su último adiós, la violonchelista de la banda Soledad Guarda.

Se ha ido una gran música e investigadora chilena, porque se lo ganó como la que más, Te echaremos de menos, gracias por tanto querida gringa amiga, descansa en paz.
Noticia
Gracias querida gringa, a Catherine Hall: In Memoriam

Viernes 11 de Marzo del 2011
Por Ricardo E. Ortiz Barría
En varias ocasiones hemos escrito acerca de nuestra música chilena y sus protagonistas y ello no es casual, ya que durante ya más de tres décadas hemos asistido y también por cierto participado, a través de distintas formas de su rico y variado quehacer. Hemos disfrutado y aprendido mucho y también nos sentimos siempre muy cercanos, tanto en las alegrías como también en las adversidades. Por lo anterior, hemos querido hoy dedicar la presente columna, a una gringa quien arribó hace ya 27 años a nuestro país, se enamoró del verdor inigualable del Seno del Reloncaví y de los tesoros y la gente del archipiélago mágico de Chiloé, decidiendo quedarse entre nosotros para siempre.

Incrédulos escuchamos la mañana del pasado domingo 6 casi a las 9 A.M. en el noticiero de una conocida radio de alcance nacional, la noticia del sensible fallecimiento la noche del día viernes 4 en la ciudad de Puerto Montt, de la flautista de la prestigiosa y querida Banda Bordemar Catherine Grace Hall (Q.E.P.D.). Parecía increíble se había ido nada menos que al alma de una gran Banda musical creada curiosamente, el mismo año de su arribo al país 1983 y dedicada al estudio, difusión, y creación del repertorio instrumental de la música de Chiloé, abarcando desde la colonia hasta el presente. Cathy además de música (acepción femenina de músico) fue también una muy destacada investigadora, amalgama perfecta que la llevó pensamos de manera natural, no solo a integrarse por merito propio a la banda, sino también a ser parte integral de la gente, la cultura y el entorno paisajístico de la zona en que eligió residir para siempre. Sus contribuciones como estudiosa y observadora a fondo de la cultura chilota, quedaron plasmadas entre otros textos fundamentales, en “Manual del pensamiento mágico” junto a Renato Cárdenas y Dante Montiel” y “Los Chonos y los Veliche de Chiloé” junto a Renato Cárdenas.

Como una persona alegre, optimista y solidaria la definían todos sus compañeros y a ello debemos agregar su chispa y su gran vitalidad escénica, de la cual fuimos hace algunos años testigos presenciales. Hace ya más de un década concurrimos a la sala del Instituto Cultural del BancoEstado en Santiago, a presenciar por primera vez un concierto de la Banda Bordemar, ya sabíamos entonces de “El Mirmicorleón bordemarino”, de “La cueca “Tierra Adentro”, ambos temas de la autoría de Jaime Barría Casanova nuestro querido “pariente” Director de la banda y, de la música tradicional del archipiélago como “La Huillincana”, aquella inmortal cueca que en homenaje a la mujer de Huillinco cerca de Cucao, escribiera el legendario músico acordeonista chonchino Liborio Bórquez Guzmán “Cuncuna” para sus amigos y que en 1962 fuera llevada por primera al disco(eso si, sin hacer mención entonces de su autor) con la maestra Gabriela Pizarro y su compañero Héctor Pavèz a la cabeza, por el Conjunto Millaray. Expectantes escuchamos la sobria y precisa presentación a cargo de un gran locutor magallánico Yerko Hromic y luego, comenzando el primer tema, ocurrió casi al primer minuto lo impensado, la flauta de Cathy simplemente no sonó, si, tal como se lee en plena presentación Cathy quedó musicalmente muda y entonces fue ahí en donde para grata sorpresa nuestra, afloró toda la chispa y garra de esta inolvidable música californiana, quien asumiendo que el problema de su instrumento, al parecer producto del largo viaje por tierra desde Puerto Montt era ya irreversible, comenzó a estimular a todo el publico presente, para que acompañáramos con las palmas a sus compañeros, demás esta decir que con aquella tan grande demostración de espíritu, se ganó justicieramente la mayor ovación de la velada.

Tiempo más tarde y gracias a un muy oportuno aviso, asistimos al teatro municipal de Lo Barnechea al pié de la Cordillera de Los Andes, a un concierto que nos llegó a lo más profundo del alma, habíamos tenido el privilegio de escuchar, gracias a la condición de sala construida en el subsuelo, de escuchar por primera vez a la banda, en condiciones acústicas insuperables, llegando incluso a emocionarnos hasta las lágrimas. Finalizada la presentación, nos dirigimos al sector de camarines, para hacerle entrega a Cathy de copias de algunas partituras de temas originales de aquella gran dupla autoral conformada por Manuel Andrade Bórquez y Porfirio Díaz Parra, entre ellas un corrido titulado “Barcarola chilota” que habíamos encontrado, con el fin de que ella a su vez le hiciera entrega de las mismas para el Archivo bibliográfico de Chiloé a su Director Renato Cárdenas. Nos recibió con gran calidez y al saludarla le dijimos que hasta ese día no creíamos en la existencia de el cielo, pero que al escuchar el casi celestial sonido de ellos, me habían convencido claramente de lo contrario, se rió de muy buena gana, nos agradeció a nombre de todos el comentario y muy interesada en el regalo que portábamos nos dijo que atendría un muy buen destino.

El que entonces sin imaginarlo seria nuestro último encuentro, tuvo lugar el año 2007 en el aeropuerto de Balmaceda, ambos embarcados en un mismo vuelo con destino a Punta Arenas, ellos Bordemar para participar en el cierre de las festividades de invierno y nosotros, para integrarnos al jurado preseleccionador del Festival folklórico en la Patagonia, grato nos resultó entonces el compartir con todos ellos, la tensa y larga espera en el principal aeropuerto aysenino, luego de lo cual, fuimos informados de que debido a la escasa visibilidad y acumulación de nieve en el aeropuerto Presidente Ibáñez de Punta Arenas, el vuelo se había cancelado y debíamos retornar algunos, hasta la ciudad de Puerto Montt para continuar viaje al día siguiente.

“Ella quería que le rezáramos un rosario chilote que incluye cantos, que tocara Bordemar, que bailáramos cueca y que nos comiéramos un asado de jabalí y hemos hecho todo para despedirla como ella quería: con alegría” así describió lo que fuera su último adiós, la violonchelista de la banda Soledad Guarda.

Se ha ido una gran música e investigadora chilena, porque se lo ganó como la que más, Te echaremos de menos, gracias por tanto querida gringa amiga, descansa en paz.

martes, 8 de marzo de 2011

el cordillerano

EXPONENTE DE LA CULTURA CHILOTA


Emblema musical del mítico archipiélago, supo protagonizar hace años ya, un intercambio con el dúo Chehébar-Navarro. Quien dejó de existir es Catherine Hall, estadounidense de origen y chilota por opción, flautista de Bordemar. Gracias a las reglas de reciprocidad que existen en el mundo de la música, a comienzos de los 90 un escenario de Bariloche tuvo la suerte de cobijar a Bordemar, agrupación que encarna las tradiciones culturales chilotas en materia de música. Quienes en aquella oportunidad pudieron acercarse al universo sonoro del archipiélago más encantado, se dejaron sorprender por la riqueza de un acervo que de tan cercano, a veces pasa desapercibido para el gran público.


En efecto, fue gracias al dúo Chehébar-Navarro que tuvimos la oportunidad de asomarnos a ese bagaje sonoro tan rico y característico como el ecosistema al cual alude el nombre del conjunto: esa franja vital que designa tanto a la bajamar como a la marea más alta, donde los chilotes marisquean y a la vez, atesoran sus embarcaciones a la espera de las corrientes y los vientos propicios. Un poco más allá los otrora interminables bosques de arrayanes, canelos y cipreses. El mundo agrario, en suma, en íntimo contacto con la cultura marinera del país vecino.


Pues bien, quienes se amigaron con esos violines dulzones y esas flautas melancólicas se entristecerán al saber que el último sábado dejó de existir Catherine Hall, estadounidense de origen que sin embargo, durante dos décadas operó como baluarte de Bordemar. Con apenas 54 años, la partida de la exquisita artista ensombreció a los chilotes en particular y a todos los que aman la música con identidad, a uno y otro lado de la cordillera.


No debe haber muchas historias similares. Oriunda de Nueva York, Hall llegó a Castro, la capital de Chiloé, en 1982. Cuentan las crónicas que desde su arribo se identificó con la cultura insular. Esa descripción coincide con la que elaboró el investigador e historiador Renato Cárdenas, quien estuvo vinculado sentimentalmente con la flautista. “La Cathy en los años '80 fue pieza clave en los Talleres Culturales. Ella tuvo siempre claro que era necesario contextualizar su música con las raíces chilotas”, precisó.


En un contexto de mirada chilota, Cárdenas tuvo la ocasión de participar junto a la estadounidense en la elaboración de dos libros: “Manual del pensamiento mágico y defensa de las creencias populares” por un lado, y “Los chonos y veliches de Chiloé”. En el último de los trabajos también participó el historiador Dante Montiel. En los últimos años de su vida, Hall distribuyó su actuación cultural entre Chiloé y Puerto Montt, con Bordemar en el centro de la agenda.

Cámara y folklore
En términos artísticos, la del grupo chilote es una propuesta cercana a la música de cámara, pero con la recuperación del formato de la banda chilota. De hecho, Soledad Guarda es la intérprete de chelo en la agrupación. Para ella, “esta es una verdadera pérdida para la música. Cathy para mí es más que una colega de labores, sino que una amiga y hermana. Compartimos muchas cosas con los demás integrantes del grupo. Bordemar perdió una integrante de esta gran familia”, precisó la artista, quien actualmente es la directora municipal de Cultura de Castro.


La Banda Bordemar se formó en abril de 1983 en Puerto Montt, con profesores de Música. Hasta hoy, el grupo realiza un trabajo de búsqueda de un lenguaje propio y en ese camino, mezcla la música folklórica con la de cámara, junto a elementos del jazz y del pop. Según esa definición, no puede sorprender que oportunamente, sus pasos se cruzaran con los del dúo que en Bariloche conformaron Claudio Chehébar y Roberto Navarro.


El repertorio de Bodemar se constituye principalmente por composiciones de Jaime Barría Casanova, su director y fundador, repertorio que se complementa con temas de la música de Chiloé. El grupo hizo trascender a la música chilota fuera de los contornos de la isla, ya que tocó a lo largo de casi todo el territorio chileno “y en casi cada una de las localidades de la décima región” según se enorgullece.


Como decíamos, “el nombre "Bordemar identifica a la cultura chilota, donde todo transcurre en el borde del mar, en cuya orilla se construyen las ciudades y pueblos, con un sistema de construcción, alimentación, artesanía naval y textil, siendo además el lugar donde se produce el intercambio de productos del mar y la tierra, entre culturas locales”. En Bordeman, Catherine tocaba la flauta traversa. Además de los músicos que ya mencionamos, integran la agrupación Eugenia Olavarría (violín), y Fernando Álvarez (guitarra y canto). Además de dirigir, componer y arreglar, Barría está al frente del piano. Ojalá queden varios capítulos por escribir en la historia de Bordemar.